Alrededor de cincuenta profesionales se reunieron el pasado 10 de abril en Manresa con un objetivo común: reflexionar conjuntamente sobre cómo transformar las prácticas, las organizaciones y la cultura profesional para avanzar hacia una atención en salud mental libre de estigmas. El encuentro tuvo lugar en el marco de la segunda edición de la Jornada Intercátedras de UManresa, una iniciativa compartida por las cátedras de Salud Mental, Liderazgo en Valores y Simulación y Seguridad del Paciente de la UVic‑UCC, todas ellas con sede en Manresa, y con la colaboración de la Fundación Althaia. Este año, la jornada puso el foco en el estigma asociado a la salud mental, un reto persistente que interpela tanto a las personas como a las instituciones.

Una de las ideas que emergió con más fuerza a lo largo de la jornada fue la necesidad de un compromiso colectivo y sostenido para transformar los modelos de atención y la cultura de las organizaciones. Tal como señaló el director académico de la Cátedra de Liderazgo en Valores, Valentí Martínez, este tipo de espacios «no pueden quedarse en un ejercicio aislado, sino que deben traducirse en un compromiso activo y compartido». Un compromiso que implique revisar miradas, actitudes y prácticas cotidianas.

Las reflexiones compartidas pusieron de manifiesto que el abordaje del estigma en salud mental debe sustentarse en cuatro valores clave: la dignidad, la humildad, la empatía y la confianza. La dignidad, porque el estigma deshumaniza y despoja a las personas de su identidad, y porque el respeto es un elemento esencial para garantizar una atención segura y de calidad. La humildad, entendida como la capacidad de los profesionales para reconocer que existen actitudes y comportamientos —a menudo inconscientes— que pueden levantar barreras en la relación de acompañamiento. La empatía, necesaria para comprender y sostener los procesos vitales de las personas, especialmente en situaciones de vulnerabilidad. Y la confianza, imprescindible para generar espacios seguros en los que los pacientes puedan expresarse sin miedo a ser juzgados o etiquetados, y en los que los profesionales puedan actuar sin el temor constante al error.

En este sentido, la jornada subrayó la importancia de crear contextos de seguridad psicológica que favorezcan el diálogo, rompan los silencios y contribuyan a una atención más humana, inclusiva y centrada en la persona. Un reto que apela directamente al liderazgo ejercido desde los valores y al papel transformador de las organizaciones.